México no es un lugar. Es una sensación.
Pedacito de Cielo nació del amor más puro: el amor a México y el amor entre dos personas que apostaron todo por convertir ese sentimiento en un aroma.
Empezó con los ahorros de una boda.
Diana y Rodrigo llevaban años soñando con hacer algo juntos que tuviera significado. Algo que fuera más que un negocio. Cuando llegó el momento de casarse, los ahorros que habían guardado con tanto esfuerzo les hicieron una pregunta diferente: ¿y si apostamos todo por este sueño?
Decidimos invertir esos ahorros para crear esta marca. No porque fuera lo más seguro — sino porque era lo más nuestro.
Así nació Pedacito de Cielo. No desde una sala de juntas, sino desde la convicción de que México — sus aromas, sus colores, sus artesanías, sus historias — merece ser llevado con orgullo a todas partes.
El lugar que nos cambió la vida — y donde por fin nos dimos el sí.
Viajábamos a Chetumal por trabajo cuando Diana, con hambre, me dijo: "En el siguiente pueblo que veas, párate." Fue en esa parada inesperada cuando, a nuestra izquierda, apareció un azul imposible. Un letrero respondió la pregunta: Bacalar. Bajamos del coche, descubrimos la Laguna de los Siete Colores — su historia, su antiguo fuerte de piedra, los cañones que alguna vez defendieron la región de los verdaderos piratas del Caribe. No íbamos preparados para nadar. Y aun así terminamos dentro del agua. Fue ahí donde supimos que algún día nos casaríamos en ese lugar.
Sus almas son antiguas. Son almas que una y otra vez deciden encontrarse. Y siempre elegirán caminar juntas.
Años después, cuando decidimos fundar Pedacito de Cielo, invertimos los ahorros de nuestra boda en construir el sueño. No hubo fiesta. Hubo cajas, inventario y una enorme ilusión. Y fue precisamente esa empresa la que, con el tiempo, nos llevó de regreso a Bacalar — para casarnos frente a la laguna, rodeados por los siete tonos de azul que habían sido testigos de nuestra historia desde el principio. Así nació Azul Paraíso: el aroma más personal de toda la colección.
Tres ideas que guían cada decisión.
Desde el primer aroma hasta el último frasco, estas convicciones están en todo lo que hacemos.
Lugares reales de México
Cada aroma nació de un lugar que existe, que puedes visitar y sentir. No inventamos paraísos — descubrimos los que ya están en nuestro país: Bacalar, Celestún, las Dunas de Bilbao, el Santuario de las Luciérnagas...
Artesanía viva
Cada fragancia rinde homenaje a una artesanía mexicana auténtica: el Arte Huichol, la Talavera de Puebla, las Muñecas María Mazahua, el Tenango Otomí. México es arte — y lo llevamos en la piel.
Hecho con honestidad
Nada de promesas exageradas ni ingredientes que no pronuncias. Ingredientes aprobados por la FDA, libres de parabenos, no probados en animales. Lo que te digo en la etiqueta es exactamente lo que va en el frasco.
México nos vio crecer. El mundo nos tomó en cuenta.
Empezamos pequeños, con mucho corazón y muy pocos recursos. Pero la honestidad de lo que hacemos fue hablando por sí sola.
Top 20 proyectos de impacto social global
Seleccionados entre miles de proyectos de toda América Latina por nuestro impacto social, innovación y potencial de crecimiento.
Top 60 Rockstars Internacionales
Reconocidos como uno de los proyectos emprendedores más destacados e innovadores del mundo en la categoría de consumo y lifestyle.
Lo que encontrarás en cada frasco.
Sin letra chica. Sin ingredientes raros. Solo lo que funciona y cuida.
Ingredientes FDA
Todos nuestros ingredientes están autorizados por la Food & Drug Administration de Estados Unidos.
Sin parabenos
Libres de parabenos. Tu piel merece lo mejor — sin químicos innecesarios.
No probado en animales
Ningún producto de PdC fue ni será probado en animales. Nunca.
Marca registrada IMPI
Protegidos por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. Somos auténticos.
Encuentra el aroma que te lleva a tu lugar favorito de México.
17 fragancias. 17 historias. Un solo propósito: que puedas llevar un pedacito de México contigo a donde vayas, todos los días.
